¡Las desaventuras de editar! pt. II

 

Para mí, apresurarme es un problema a la hora de editar. Cuando apresuro lo que escribo, peor es el proceso. Más largo y tedioso. En mi anterior entrada hablé sobre NaNoWriMo. El único problema que le encuentro al reto son las secuelas de guerra.

Escribir con prisa te dará quebraderos de cabeza en el futuro; y créeme, pueden ser lo peor. Mírame ahora, releyendo la cuarte parte de mi novela (unas 35.000 palabras) mientras niego con la cabeza frunciendo el ceño. Puede que hasta necesite reescribir todo para que sea más consistente.

¿En que demonios estaba pensando cuando estructuré una oración así? ¿Estaba borracha? Solo eso parece excusable. Otras veces me pregunto por qué mi cerebro piensa de esa manera cuando no tiene sentido. Por ejemplo, hablo de la radio, una metáfora (tonta, tonta) sobre las radiofrecuencias de AM y FM. Bien, ahora que lo releo, no puedo escribir sobre ello, porque no hay radio en ese mundo distópico; así que no tiene sentido que ella lo mencione. Ahora me encuentro con una oración que remplazar y cuando editas, a veces entras en un estado de anti-creatividad/imaginación. Así que lo que te inventes ahora estará medianamente bien, no va a ser lo mejor que se te has escrito. Lo único que queda es hacerme una nota mental para editar después (recomiendo los post-it, me han salvado más de una vez).

Otros ejemplos (muchos para mi gusto) son frases que son jergas. No suelo utilizar la jerga, solo en diálogos, y por eso me repatea verlo en descripciones (a pesar de que sea en primera persona). Ahora que estoy editando, las evito contrariada como si fueran sacrilegios. Es escritura perezosa, (aunque si el personaje es una jerga andante, escríbelo).

Sé que cuando editas, hay que sacrificar oraciones. Algunas cosas que escribes son innecesarias o las has repetido hasta la saciedad, pero no me gusta hacerlo. Es como si un esfuerzo en el pasado se tuviese que eliminar como un error.

Pero algo que he aprendido editando es a ser mortífero.

Editar es ser letal.

Así que me tengo que aguantar mis frustraciones internas como escritora sobreprotectora de mi primer borrador. Como una buena madre, necesito que mi manuscrito progrese. El cambio es necesario aunque esté recelosa de ello.

Si estás editando, mi sentimiento está contigo. Un día quiero hacer un brindis por todas aquellas oraciones inocentes sacrificadas. (Titulo opcional para esta entrada: el genocidio de las oraciones).

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