Escribir o reescribir, esa es la cuestión

el

Cuando decides reescribir una escena, o incluso una novela entera (música dramática, por favor), sabes que tienes mucho trabajo por delante. Un trabajo COLOSAL. Reescribir es laborioso, pero muy gratificante.

Muchos escritores detestan la idea de reescribir porque requiere el doble de tiempo. Nos abundan las dudas (¿y si estoy siendo pesimista? ¿Y si está bien? Puede que solo tenga un mal día…) y solo queremos llegar a la meta final. Si una vez tardaste una eternidad en escribir esa parte, imagínate el doble de tiempo que acarreará reescribirlo todo. Pero, con todo el dolor de nuestra alma, a veces sabemos que es necesario.

Yo me encuentro en esa situación difícil cuando no me gusta lo que he escrito. No me gusta el tono, encuentro algunos diálogos irrelevantes, o personajes inconsistentes. Cuando empiezo una novela, tengo escenas grabadas en mi cabeza y es por ahí donde empiezo; escribo una escena que me inspira y luego, después de escribir todas esas escenas que tengo en mi mente, voy llenando los huecos en blanco para que la trama fluya. A veces es complicado, porque si no tengo cuidado, esos cambios de escena son demasiado abruptos para el lector. Se parece mucho a hilar. No puedo olvidarme de un paso, de un nudo, sin destrozar el producto final.

En otras ocasiones, reescribir es nuestro ultimo recurso. Cuando estaba escribiendo una parte importante, mi pesimismo me inducía a pensar que estaba escribiendo algo era horrible; lo peor. Mi gran inseguridad era que uno de los personajes se pareciese a otro. Ahora que han pasado unos tres meses en que no he tocado esa parte del manuscrito, he estado leyéndolo y no está mal. No son iguales; eso estaba todo en mi cabeza, porque yo insitía en compararlos.

¿Por qué nos llenamos de dudas y decidimos que lo que escribimos es pura basura? Cuando algo nos importa de verdad, nos exigimos el doble y por eso, necesitamos dar un paso atrás y ser objetivos.

Me pongo limites en mis capítulos (porque sino, es como si no me forzara a escribir. Poner un cierto limite me obliga a pensar más en la trama). Por ejemplo, en mi novela, el contador de cada capitulo tiene que tener entre 4,300 palabras sin llegar a pasarse a las 4,800. Cada parte tiene 8 capítulos (son 7 partes, así que haz los cálculos y también dime que es un libro gordo). Ahora bien, creo que muchos escritores están en contra de este sistema, porque dicen que la trama se estanca, pero si no lo hago, la trama escasea. Si me fuerzo a escribir, descubro puntos de la trama importantes, mejorando el producto en general.


Reescribir me molesta mucho cuando estoy en mi segundo borrador. Mi objetivo de este año era terminar esta novela y:

  1. No he terminado la novela (porque decidí añadir otra parte, es decir, que me toca escribir 35,000 palabras más antes de finalizar diciembre).
  2. Aunque me de vergüenza admitir, mi objetivo de este año era terminar dos novelas (una que tengo a medio acabar). ¡Ja! ¡Más quisiera yo tener tiempo para la otra novela!
  3. Editar es mucho más largo y complejo de lo que jamás me imagine que fuera a ser.

Como todos los escritores del mundo, yo también me he puesto objetivos imposibles (que no pensaba en un principio que lo fuera. Naíf, naíf). Ahora soy consciente que reescribir es una realidad y que debo dejar de pensar en fechas limites porque me agobio y si estoy estresada, se nota cuando escribo. Hay que ser consistente más que apresurarlo.

Captura de pantalla 2016-06-12 a las 16.43.43

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s