¡Las desaventuras de editar! pt. III

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¿Sabes  lo que ocurre después de editar una novela de 300,000 palabras? Que empiezas a odiarla. Mucho. Tanto que te preguntas por qué lo estás haciendo. Para cuando llegas a las 50,000 palabras, quieres parar. Quieres que esto acabe y por eso creo que no puedo ser editora. No, señor.

Ayer edité un capitulo entero (uno que necesitaba muchos cambios) y tardé unas cinco horas. ¡CINCO HORAS! Para editar unas 5,000 palabras. Para cuando termine, creo que habré pasado la crisis de los treinta.

Sé que me quejo mucho de editar, pero no es para tanto. Solo quiero acabar y no parece tener final. Aún así, parece que poco a poco voy avanzando. Cuando termino una parte (de 35,000 palabras) mis energías se renuevan. Me siento realizada.


Mis proceso de editar:

  1. Imprimo la parte que quiero editar. Lo hago con un boli de colores y anoto faltas y dudas.
  2. Lo dejo por un buen tiempo. Editar a papel me chupa la energía. Necesito un descanso. Aunque editar a papel es más fácil que a ordenador. Se me cansan menos los ojos. Además, no es la edición más importante, es más una lectura. También puedo hacerlo sentada bajo un árbol al sol. A ordenador necesito sombra.
  3. Me obligo, a base de bullying, a encender mi ordenador. Después me pasó un buen rato ordenando las carpetas de edición. El descontrol puede apoderarse de tus carpetas con tanta facilidad… que quiero fustigar a mi antigua yo que no escribe de cuando es tal edición. Ahora he aprendido a guardar las ediciones según avances. Las nombro así: ‘Edición Cap. 22.1‘ o ‘Edición Cap.22.2‘.
  4. Pongo música, sino me aburro.
  5. Estoy motivada hasta que llego a la tercera pagina. Entonces empiezo a mirar lo que me queda. Parece eterno. Estoy aburrida. Me duelen los ojos o la cabeza. Voy a por un refresco a la cocina o veo un capitulo de una serie (maldita productividad)
  6. Vuelvo de mala gana al capitulo. Me motivo diciéndome que termino el capitulo y soy libre. (Sé perfectamente que es una mentira, ese día me he prometido editar dos capítulos, no uno)
  7. Quiero matar a mis personajes. También a la escritora que ha cometido errores tontos. Para motivarme, recito los diálogos en voz alta. Mi familia cree que estoy mal por hablar de vísceras y huesos.
  8. Termino el capitulo. ¡Soy libre! (salvo que no lo soy). Descanso largo. Me siento pletórica por haberlo conseguido. No miro la hora del reloj. Sé que he perdido la mañana entera editando sin ver la luz del sol. Al mirarme a los ojos, los veo enrojecidos como si hubiera llorado con las faltas léxicas.
  9. Vuelta a empezar. Otro capitulo más que debo terminar esa tarde. Vuelvo al paso #1. 

Lo que más puede enfadarme cuando edito, es escribir más oraciones, porque eso destroza mi contador de palabras. En ese aspecto, es una manía, debe haber un orden en cada capitulo. Si añado más (suelo añadir descripciones que me faltan), el descontrol me vuelve loca. Me he pasado tardes enteras tratando de acortar o alargar para que fuese como yo quiero. Una estupidez cuando estás escribiendo una historia. No suelo escribir escenas que sobren, así que lo que me toca es aumentar el limite de palabras que puedo escribir en cada capitulo. He pensado de 4,500 a 5,000.

Manías de escritora, que se le va a hacer.

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